Un Mundo Feliz

Solo me daré el espacio para odiar y plantear. Mostrar lo que veo y soñar con lo que quiero ver.

Wednesday, March 08, 2006

Susurros nocturnos

Entre sábanas, cuerpos entrelazados, alientos que se confunden y contacto visual total, de pronto el mundo se calla y siento honestidad; sencilla y pura honestidad.
El tema, por tanto el contenido, no es importante. El alma se abre poco a poco, sin pretensiones de dominación. Sin necesidad de sentirme mejor que alguien, ni tampoco sintiéndome inferior.
Engañar o mentir sería estúpido: Tal grado de proximidad te conecta con toda tu intuición. Simplemente esos ojos dejarían de brillar y volverían a tornarse cotidianamente opacos.
Las palabras bailan en susurros horizontales y comienza a nacer un nuevo lenguaje, con sus propios símbolos, incluso con la posibilidad de recordar y comentar eventos transcurridos hace solo un par de minutos.
El tiempo se hace relativo, ya que deja de ser importante, deja de dominarnos.
Somos libres, solo 2 seres humanos sin ningún tipo de pretensión más que hablar mirando directo a los ojos, pero nunca desafiando, sino compartiendo. Sintiendo que toda la existencia descansa, y quizás por eso hablamos susurrando. No queremos despertarla. Todo acabaría y volvería a regirse por las leyes del día a día.

Pienso en muchas conversaciones que he tenido: Noches completas de armar y desarmar el mundo, tratar de arreglar un problema, una situación o una relación. Pero hay momentos en que dejamos de protegernos y realmente comenzamos a hablar desde lo más profundo de nuestro ser, siendo un momento tan mágico que, al escucharnos, nos sorprendemos por las palabras que acaban de salir de nuestras bocas. Sorpresa, claro, pero nunca arrepentimiento. Somos nosotros hechos palabra, esas palabras que hacen canción.

Solo fue un momento, un respiro de todo el resto quizás.

Y nos quedamos rogándole al sol naciente que no nos arrebate una vez más esta preciosa noche, en que dos corazones lograron brevemente latir al unísono.

Sunday, February 19, 2006

Pelando cables

El ser humano es en esencia social, o al menos eso dicen los que dicen saber que saben.
Desde ese lugar podría venir la necesidad imperiosa que tenemos de comunicarnos y estar conectados a lo que sea que debiéramos estar.
Y en esa ansia por comunicarnos surgen mis malditos amigos. Les presento a una de las grandes paradojas en mi vida: Los cables.
De esta forma, la tecnología, avanzando a una velocidad arrolladora, nos provee de un sinfín de herramientas para comunicarnos y estar conectados con el mundo. De pronto la palabra "conectados" se torna cada vez más real y explícita. De mis oídos salen cables que van a parar a un par de parlantes. Estoy conectado a una máquina y eso me aterra. (¿Me asusta pero me gusta quizás?)

Y llega un momento en que los cables, al servicio de la humanidad, parecen lograr lo impensable: “Comunicarse” con personas que se encuentran a miles de kilómetros de distancia en tiempo real.

Hasta ahora no suena tan mal. Demos paso, entonces, a un extracto de mi paranoia.

¡Los cables, creados por el ser humano para acercarnos, comienzan a enmarañarse, nos rodean y se interponen entre nosotros, llevándonos a la falsa percepción de que estamos cada vez más cerca, cuando en realidad nunca hemos estado tan lejos!

Reptan por nuestro cuerpo como una enredadera y comienzan a contarnos este nuevo mundo. Tal vez ya llegaron a nuestros ojos, cubriéndolos para siempre, sellándolos y remplazándolos por prótesis cibernéticas.

Los cables se han transformado en nuestro día a día. Nos acompañan en nuestros viajes y nosotros comenzamos a depender de ellos.

Y en nuestras casas y cybercafés nos conectamos con amigos, familiares, conocidos y parejas.
De pronto el servicio de Internet se cae por unos minutos; la angustia aumenta segundo a segundo. Has sido desconectado del mundo, sea para un trabajo, un carrete, un encuentro sexual o una buena revolcada (cada uno le dice como quiere).

Imagino que existen personas que no están de acuerdo con esto, ya que sienten que se comunican mucho más que antes, contando sus penas mediante emoticones y recibiendo de respuesta el empático “d+”. Solo puedo decir que recuerdo el triste episodio en que mi hermana me saludó por Messenger. Se encontraba a menos de 2 metros de distancia…

Y es así como estos cables, mis malditos amigos, tratan de convencerme que la vida se va haciendo más fácil y práctica, descargando discografías completas y películas, contactando a mucha gente simultáneamente, trabajando desde mi casa.

He aquí la paradoja: Me aterra esta forma de llevar nuestras vidas, pero aun así me permite tener acceso a mis pasiones musicales y cinéfilas.

Por último, sin los cables es bastante probable que nunca hubieras leído estas palabras. Quizás ni siquiera las hubiera escrito.

Malditos cables.

Sunday, February 05, 2006

Buscando el camino

Correr descalzo por suaves terrenos florecidos que acarician mis pies con sus pétalos multicolores.
Un riachuelo susurra tranquilidad en mi oído.
El sol es generoso al entibiar mi cuerpo y los árboles respetuosos por regalarme su sombra.
Y de pronto silencio, ese exquisito silencio que te hace mirar hacia adentro, conocerte, asombrarte por todo lo que siempre estuvo ahí y nunca supiste. No había tiempo para eso.

¿Cómo lograr que este sueño de fines de semana y vacaciones se transforme en una vida?
¿Acaso pido demasiado?

Quizás la solución sea tomar el solitario y pedregoso camino lateral que se aleja de la gran autopista de cemento.

Como sea y sea lo que sea, creo que no deberíamos postergar nuestros sueños, pero aun así lo hacemos día a día.

Saturday, February 04, 2006

Ritual de iniciación

Tanto para el nómada cibernético como para el amigo curioso, les presento un humilde intento de mostrar mi tierno asco y una que otra propuesta.
Me tomo el derecho de utilizar expresiones del mundo que me rodea, principalmente de mi círculo interno, para presentar mis angustias y anhelos.
Creo que el mundo puede ser un lugar mucho más simple.
Creo que eso me haría sentir feliz.

Con sangre en mi boca y mariposas en mi estómago tiro de aquella pesada cuerda:

El telón se levanta...