Susurros nocturnos
Entre sábanas, cuerpos entrelazados, alientos que se confunden y contacto visual total, de pronto el mundo se calla y siento honestidad; sencilla y pura honestidad.
El tema, por tanto el contenido, no es importante. El alma se abre poco a poco, sin pretensiones de dominación. Sin necesidad de sentirme mejor que alguien, ni tampoco sintiéndome inferior.
Engañar o mentir sería estúpido: Tal grado de proximidad te conecta con toda tu intuición. Simplemente esos ojos dejarían de brillar y volverían a tornarse cotidianamente opacos.
Las palabras bailan en susurros horizontales y comienza a nacer un nuevo lenguaje, con sus propios símbolos, incluso con la posibilidad de recordar y comentar eventos transcurridos hace solo un par de minutos.
El tiempo se hace relativo, ya que deja de ser importante, deja de dominarnos.
Somos libres, solo 2 seres humanos sin ningún tipo de pretensión más que hablar mirando directo a los ojos, pero nunca desafiando, sino compartiendo. Sintiendo que toda la existencia descansa, y quizás por eso hablamos susurrando. No queremos despertarla. Todo acabaría y volvería a regirse por las leyes del día a día.
Y nos quedamos rogándole al sol naciente que no nos arrebate una vez más esta preciosa noche, en que dos corazones lograron brevemente latir al unísono.
